La encarnación del villano moderno
Leyendo el periódico el otro día, encontré un artículo muy interesante sobre los (maravillosos) horarios españoles. Hace días precisamente, hablaba con Mamen sobre la "maldición española", que consiste en la imposibilidad que tenemos quienes hemos vivido en España, para acostumbrarnos de nuevo a los horarios del resto del mundo. La siesta es una religión en España y es increible pensar (siendo extranjero) que de 2 a 4 de la tarde no se mueva una hoja en todo el país, pero así es.
Pues resulta que Don Ignacio Buqueras y Bach, Presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios españoles y su Normalización con los demás países de la Unión Europea (¿Qué tal el nombrecito?) y la encarnación del villano moderno (miren la foto del artículo original y me dirán si no), quiere cambiar los horarios españoles para adaptarlos a los del resto del mundo con el muy neoliberal argumento de que los horarios españoles producen "estrés, agotamiento, somnolencia y falta de productividad" debido a que el español duerme menos que el resto del mundo. Me perdonará el señor Buqueras y Bach pero yo que he experimentado los dos horarios, que he vivido eso de "trabajar para vivir y no vivir para trabajar", discrepo profundamente con su opinion de que se gana calidad de vida con los horarios del resto del mundo.
Me rehuso a aceptar que la buena vida, la siesta al medio día, madrugar a las 8 (en algunos casos a las 9 y en otros a las 10) y no a las 7, cause estrés. Ni hablar de agotamiento y somnolencia. Es sorprendente porque parece que el señor Buqueras y Bach no leyó el artículo publicado en el diario El Mundo en el que con los mismos argumentos que da para acabar con el horario español, se mencionan los beneficios de la siesta.
La verdad es que después de haber vivido en los dos horarios y maldiciendo por tener que entrar a una clase de matemáticas financieras con la barriga llena y la somnolencia propia de después de comer (toda la sangre en el estómago y nada en la cabeza) con la que nadie (pero nadie) se concentra, no puedo evitar en pensar que el nuevo villano se llama Ignacio Buqueras y Bach.





